Asesinar gente no es un trabajo


 

No es suficiente que un hombre tenga deseo de matar para que la muerte se transforme en un valor” Publio Siro
Se me puso la carne de gallina mientras veía atónita un reportaje en la TV en el que entrevistaban a un menor de edad que había sido sicario. El desparpajo que exhibía al describir sus múltiples asesinatos y la naturalidad con la que lo contaba resultaba ofensivo, pero nada comparado a cuando le preguntaron si se sintió mal la primera vez que asesinó a una persona, porque su respuesta fue escalofriante: no se sintió mal porque consideraba que matar era un trabajo como cualquier otro. 

Tal vez este fragmento pasó desapercibido para mucha gente, pero para mí fue algo muy grave. Que un menor de edad nos cuente sus actividades delictivas en cadena nacional me parece algo terrible, pero que afirme de manera categórica que matar es un trabajo, nos tiene que cimbrar a todos. Algo se está haciendo muy mal en la sociedad actual. Estamos recibiendo en nuestros hogares a delincuentes que cuentan sus vidas llenas de violencia y nos quedamos impávidos escuchando sus atrocidades mientras tomamos café o nos preparamos para ir a trabajar.

Cuando aún no me reponía del impacto de una entrevista tan poco edificante, tropiezo con otra similar en internet, como si los sicarios se hubieran vuelto de repente estrellas de rock y los periodistas hubieran perdido toda su creatividad, imaginación y parte de la ética que se necesita para ese trabajo.

Esta otra entrevista tenía un titular indigno, extraído de una frase del propio criminal: “Matar era mi trabajo y los hice con pasión” y lo dice así, sin ningún pudor, como quien cuenta que está cosechando, trabajando en una fábrica o dando clases; y sin que ni el periódico ni el periodista se hayan puesto a pensar en las consecuencias que esa demoledora aseveración puede provocar en la gente ignorante que, por el sólo hecho de leerlo en un medio, acabarán creyéndose que matar es un trabajo y lo que es peor, seguramente después de leer la entrevista, más de uno habrá sentido una secreta admiración por ese sicario que cumplía con su “trabajo” con tanta pasión.

Esa admiración parece sentirla también el periodista cuando escribe lo siguiente: “Asesinó a cientos de personas, pero extrañamente eso no le ha quitado lo cortés cuando extiende la mano para saludar, sonríe y da un apretón firme. Destaca su sonrisa blanca, con unos incisivos afilados de zorro”. Tal vez pretendió hacer un alarde literario pero lo que logró es una apología descarada de un matón a sueldo, lo cual éticamente es reprobable y en ningún caso se justifica.

Casi al final de la entrevista le pregunta el periodista: -¿Le emocionaba su trabajo? (es decir que también el periodista considera que matar gente es un trabajo) y el asesino contesta: “No mucho como para emocionarme, pero sí me entregaba a mi trabajo. Así como ustedes se entregan a su trabajo, yo me entregaba al mío. Sí me apasionaba” 

El mandato divino de “Ganarás el pan con el sudor de tu frente” parece que también aplica a matar, prostituirse o realizar cualquier actividad delictiva. Comparar su actividad criminal con un trabajo es tan indigno como el texto de esa entrevista o el reportaje de la TV. A la fecha, Televisa sigue haciendo apología del crimen organizado sin ningún pudor y las autoridades no dicen nada.


Tratar a estos delincuentes como héroes que saludan con cortesía a pesar de la cantidad de personas que han matado, no es una buena actividad periodística y el daño en la mente de las personas sin criterio es muy grande. 

Cito una frase de José Ortega y Gasset porque creo que viene al caso: “El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar” y habría que completarla diciendo que también en los que le dan tiempo, espacio y valor al entrevistarlos, mientras reproducen afirmaciones como que matar es un trabajo y ser sicario, una profesión.

Hay que tener mucho cuidado con esa clase de textos, porque son historias tan delicadas que si la prudencia no se impone, corremos el riesgo de convertir una actividad a todas luces reprobable en una apología perversa de la delincuencia y de los delincuentes. No podemos perder de vista que un trabajo para que sea considerado como tal, debe tener ciertas características y una de ellas, además de ser un medio para satisfacer las necesidades básicas del hombre, es que debe ser una actividad lícita, pero sobre todo que dignifique al ser humano, por tanto matar no es un trabajo.

Creo que tal y como está la violencia en México, esta clase de reportajes hacen más daño que otra cosa. Las entrevistas debieran enfocarse a la gente que tiene cosas interesantes y sobre todo positivas que decir. Nunca como ahora se necesitan líderes buenos a los que admirar y que nos guíen por mejores caminos de los que hasta el momento hemos transitado. Estos testimonios no aporta más que molestia entre todos los que padecemos la violencia, directa o indirectamente y después de leerlos queda la sensación de que para ser famoso y digno de salir en los medios, hay que ser un asesino.

Al final de cuentas, como muy acertadamente dijo el escritor español, Rafael Barrett: “¿Qué es necesario para matar? Bien poca cosa: un arma y una cobardía”. Petra Llamas 


Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 8 de noviembre del 2013
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