Santa Rosa en Huesca

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Colegio Santa Rosa en Huesca

sábado, 14 de febrero de 2015

Los viejos son el futuro

Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue, le impida ser lo que es o lo que será”. Miguel de Unamuno
La afirmación de que los viejos son el futuro puede interpretarse de dos maneras: o bien nos espera un futuro donde la mayor parte de la población será de viejos o bien
se  habla de un futuro cercano donde los que prevalezcan y saquen adelante el país sean los viejos. Todos sabemos que ellos vivieron momentos históricos de lucha, esfuerzo y mucho trabajo, que están preparados para enfrentarse a situaciones límite y por tanto se adaptan con facilidad a cualquier circunstancia.

Hace algunos días veía en la televisión un reportaje sobre un pueblo que había quedado aislado debido a un temporal de nieve. El aislamiento se agravaba porque también se habían quedado sin luz. La reportera hacía hincapié en la falta de teléfonos móviles y de internet y por supuesto los jóvenes de ese pueblo también resentían esas privaciones.

Los viejos del pueblo no se quejaban del internet o del teléfono inteligente, ni siquiera de la falta de luz, ellos ya contaban con los mecanismos suficientes para sobrevivir sin problemas. Seguramente vivieron épocas duras y con muchas carencias, por tanto, volver a vivirlas no significaba ningún esfuerzo y sabían adaptarse con una rapidez envidiable. Sus recursos eran los más originales ya que, según Gaudí, “La originalidad consiste en volver al origen

Ese espíritu de lucha y trabajo se refleja hoy día en muchos hogares donde los abuelos están volviendo a ser padres de sus nietos o bisnietos. Otros muchos han tenido que buscar un empleo porque con su raquítica pensión no les alcanza para vivir y hay otros que simplemente se niegan a jubilarse y siguen activos, tanto física como mentalmente, por voluntad propia.

Que los abuelos trabajen por gusto es loable, pero lamentablemente la gran mayoría se ven obligados a hacerlo por necesidad. Es triste que a su edad tengan que seguir trabajando, porque la sociedad no ha previsto mejores pensiones para sus viejos y con las reformas laborales, la cosa está cada vez peor. Según la Asociación Mexicana de Afores (Amafore) cuatro de casa 10 adultos mayores de 65 años tienen que seguir trabajando y uno de cada cuatro mayores de 80 años debe trabajar para mantenerse.

Tal parece que, en una sociedad que le rinde culto a la juventud, a la belleza y a la productividad, proporcionarles una pensión digna a los abuelos se considera un derroche. Sin embargo, todos vamos para allá y si a eso se agrega que cada vez hay menos nacimientos, más vale empezar a prestarles un mayor cuidado a los ancianos porque, de no mejorar la situación, el futuro será de ellos o mejor dicho, de nosotros y no nos va a gustar.  

El tema de la vejez ha sufrido altibajos a los largo de la historia, aunque en la mayoría de los casos fueron vistos con respeto y veneración. Eran los custodios del conocimiento y la memoria que los enlazaba con sus antepasados. Esto no ha cambiado demasiado porque, sin importar todos los avances tecnológicos a nuestro alcance, ellos siguen siendo la sabiduría y la historia de la familia y de la sociedad, son los depositarios de una serie de valores a los que tarde o temprano se tendrá que regresar. Respetarlos y cuidarlos no es otra cosa que respetar y cuidar lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos.

Cicerón (106-43 A.C.) escribió una apología de la vejez en su obra, “De la vejez” (Cato maior de senectute liber) en forma de diálogo entre Catón, un anciano de 80 años, y dos jóvenes. Es una obra encantadora, con una visión positiva sobre la vejez y muy actual a pesar de haberse escrito unos 40 años antes de Cristo. En ella, el autor refuta con argumentos interesantes, los cuatro motivos por los que la vejez puede parecer miserable: 1. Que la vejez te aparta de las actividades. 2. La pérdida de la fuerza física. 3. La pérdida de los placeres. Y 4. La proximidad de la muerte. Sería ideal que los abuelos pudieran vivir y morir como Cicerón lo recomienda.

Lo cierto es que la vejez no ha sido impedimento para grandes hombres de la historia en cuya etapa fueron más productivos que nunca. Platón realizó toda su obra a los 62 años. Cervantes escribió la 2ª parte del Quijote con 68 años. Juan Ramón Jiménez o Unamuno siguieron trabajando ya bien entrados en años; al igual que seguían pintando siendo ancianos, Goya, Velázquez, Dalí o Picasso; Joaquín Rodrigo componía música, igual que Verdi que compuso Otelo a los 63 y el Falstaff cuando tenía 80 años.



Ejemplos como estos hay muchos más, sean o no famosos. Ahora lo que hace falta es que todos los ancianos puedan trabajar por gusto o simplemente vivir dignamente, sin carencias y con mucho afecto, para que su presente sea de tranquilidad, descanso y aceptación social, porque como muy bien dijo Cicerón:A cada periodo de la vida se le ha dado su propia inquietud: la inseguridad a la infancia, la impetuosidad a la juventud, la sensatez y la constancia a la edad media, la madurez a la ancianidad. Estas circunstancias se dan con la mayor naturalidad y se deben aceptar en las diferentes etapas de la vida”. Petra Llamas García

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 13 de febrero del 2015. petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas
Ilustración: Obra de Millais

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