Santa Rosa en Huesca

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Colegio Santa Rosa en Huesca

domingo, 24 de agosto de 2014

¿Para qué sirve la escuela?

Un concepto moderno de la escuela coloca en la misma categoría el trabajo manual y el trabajo intelectual”. José Carlos Mariátegui (periodista y pensador peruano)
El papel de la escuela siempre ha sido cuestionado, aunque no con la fuerza de ahora. Estos cuestionamientos  sólo han conseguido que la gente
dude de su eficacia, mientras observan con impotencia cómo surge una gran cantidad de literatura pedagógica y miles de especialistas en educación que proponen los contenidos y la metodología ideal, amparándose en tópicos tan manidos como las necesidades del siglo XXI, la sociedad del “conocimiento” y las nuevas tecnologías.


Los más perjudicados, con estos cuestionamientos y cambios constantes en el currículum, son los niños, seguidos muy de cerca de maestros y padres de familia, aunque el impacto final lo sufre la propia sociedad y a la vista está. Es tan grave esta situación, que ya va siendo hora de que los principales involucrados en la educación dejen de dar bandazos, buscando la escuela ideal en teorías decimonónicas, disfrazadas de actuales y rescaten esa escuela donde los niños realmente aprendan conocimientos, desarrollen habilidades y adquieran auténticos valores.

Hoy día los educadores ya no se atreven a pronunciar palabras como “estudiar” porque se ha convertido en sinónimo de memorizar; tampoco es socialmente aceptado el término de “disciplina escolar” porque eso se traduce en rigor y maltrato y mucho menos se puede hablar de “perseverancia” o “esfuerzo” ya que ello significaría, en la nueva pedagogía, que el niño se ha aburrido en el proceso y por tanto su aprendizaje no fue significativo. Estas y otras palabras se cambian por neologismos o eufemismos so pena de ser tachados de tradicionales, obsoletos y antipedagógicos.

Cualquier teoría pedagógica en boga se compara automáticamente con la “educación tradicional” y por supuesto esta última sale perdiendo. Según este razonamiento, todos los que estudiaron antes del siglo XXI con la metodología tradicional, no aprendieron nada porque los obligaron a “memorizar”. Tampoco son innovadores, creativos o emprendedores, ni saben utilizar una computadora, trabajar en equipo, resolver problemas o aprender a aprender, puesto que esas son “competencias” de la educación actual. 

Es como si todo el legado cultural y científico heredado, se hubiera dado por sí solo, ya que sus autores, al haber tenido “educación tradicional”, no pudieron realizarlo.


Por si fuera poco, el currículum que ahora se plantea, minimiza los contenidos intelectuales y magnifica los aprendizajes prácticos que tengan “significado” para el alumno. De manera que asignaturas como la filosofía, el arte o la historia pierden importancia en aras de otros más “significativos” como sembrar, cambiar un foco o abrir una cuenta bancaria, por mencionar algunos ejemplos; aunque estos aprendizajes prácticos los puedan adquirir de manera informal en su casa o en la vida diaria.

Es bastante dañino el carácter reduccionista y práctico que está adquiriendo la educación actual, con  ese empeño de buscar teorías que eviten contenidos, esfuerzo o estudio, máxime cuando  nuestros niños saben cada vez menos, se esfuerzan menos y están más inmaduros e indefensos ante una sociedad competitiva e implacable

Me queda claro que con esas ideas, la escuela ha perdido totalmente su función y desde ese punto de vista, ya no será necesaria ni la institución ni los maestros, puesto que todo lo que se pretende enseñar en ella, el alumno lo pueden aprender igual o mejor frente a una computadora o por su propia cuenta en las calles.


Mientras tanto, la sociedad y el mundo laboral llevan su propio ritmo y exigen que las personas, que ocuparán los cada vez más escasos puestos de trabajo, tengan conocimientos de excelencia para poder desempeñarse en dicho puesto sin ningún problema; también querrán que conozcan el significado del esfuerzo y la disciplina, pero sobre todo que hayan adquirido valores tan fundamentales como la honestidad, la laboriosidad, el compañerismo o la lealtad.

Sin embargo, tal como están las cosas, esos dos mundos, escuela y sociedad, parecen transitar por caminos separados y sin comunicación posible entre ellos. 

La escuela light difícilmente formará gente fuerte y bien preparada para un mundo que les exigirá tanto. “Al estudiante que nunca se le pide que haga lo que no puede, tampoco hará lo que sí puede” diría el filósofo inglés del siglo XIX, John Stuart Mill. 


Es importante pues, replantear la función de la escuela o mejor dicho, recuperarla. La escuela es el lugar donde los niños van a aprender y reflexionar sobre una serie de conocimientos, habilidades y valores; y si bien es cierto que pueden aprender muchas otras cosas fuera de ella, no hay que confundir el carácter de ambos aprendizajes, ya que uno será formal y sistemático y el otro completamente informal.  Es además el lugar donde socializa y se relaciona con los demás, con todo lo que ello supone.


Otra cuestión que debe revisarse a conciencia es qué debe aprender y cómo hacerlo, para que sea un aprendizaje eficaz. 
La UNESCO ha establecido siete dominios básicos: 
1. Bienestar físico. 
2. Social y emocional. 
3. La cultura y las artes. 
4. Alfabetismo y comunicación. 
5. Perspectivas de lectura y cognición. 
6. Conocimientos básicos de aritmética y matemáticas. 
7. Ciencia y Tecnología. 

Ahora hace falta ver si lo llevan con exigencia o los convierten en actividades lúdicas e intrascendentes

Según José Martí: “Una escuela es una fragua de espíritus” y de eso se trata, de que recupere la función de formar personas preparadas, pensantes y con valores, porque en la medida que lo logre, se verá reflejada en una mejor sociedad. Petra Llamas García


Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 22 de agosto del 2014. petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas

2 comentarios:

  1. El problema de los especialistas en educación y de muchos pedagogos, es que nunca han dado clases.

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    1. Estoy completamente de acuerdo contigo, Rocío. Saludos cordiales

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